¿Alguna vez te has sorprendido sintiendo atracción por alguien que antes ni siquiera habías notado? Puede que no sea el más guapo, ni el más carismático, pero de repente… ¡zas!, te atrapa. Bienvenida al misterioso y curioso “efecto sirena ”, un fenómeno psicológico que ha puesto en jaque a muchas historias de amor, oficina, escuela o incluso del gym.
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¿Qué es exactamente el “efecto sirena”?
Todo comienza de forma casi imperceptible. Entras a trabajar a una nueva oficina y hay alguien que simplemente está ahí. Lo ves diario, lo saludas de vez en cuando, pero no te mueve ni una pestaña. Sin embargo, con el paso del tiempo, algo cambia. Sus bromas te hacen reír más, su manera de vestir te parece más interesante, e incluso su voz suena más atractiva.
Ahí es cuando entra en acción el llamado “efecto sirena”, una expresión popularizada por las redes sociales, pero sustentada en teorías de psicología social. El nombre viene del mito de las sirenas: criaturas que encantaban a los marineros no por su aspecto, sino por su presencia constante y envolvente.
¿Por qué comienza a gustarnos alguien de la oficina al convivir mucho con él?
¿Es real o tan solo una ilusión? Este efecto tiene una raíz muy clara: la exposición repetida genera familiaridad, y la familiaridad, muchas veces, se traduce en atracción. Es un sesgo cognitivo llamado “efecto de mera exposición”, estudiado por el psicólogo Robert Zajonc, quien descubrió que entre más veces estamos expuestos a un estímulo, más propensos somos a encontrarlo agradable.
En otras palabras: “No es más guapo, solo lo ves diario”. Y entre más lo ves, más lo “idealizas”. No es que haya cambiado él, cambiaste tú.
¿El efecto sirena solo aplica a personas o también a cosas?
Aunque lo hemos romantizado, el efecto sirena no se limita al amor o a las relaciones. También aplica a canciones que odiabas y ahora no puedes dejar de tararear, a marcas que no te gustaban pero terminaste comprando, e incluso a series que empezaste “por curiosidad” y acabaste maratoneando.
Todo lo que se repite, se graba. Nuestro cerebro, por naturaleza, busca patrones, y cuando los reconoce repetidamente, les otorga valor emocional.

¿Estamos condenados a enamorarnos de lo cotidiano?
No necesariamente. El efecto sirena no es garantía de amor verdadero, pero sí nos recuerda algo importante: el entorno influye más de lo que creemos. Podemos empezar a ver belleza donde antes no la notábamos, simplemente porque nuestro cerebro ya lo ha convertido en parte de su zona de confort.
De ahí que tantas historias de oficina, universidad o grupos de amigos terminen en romance. El amor, a veces, no llega como un flechazo... sino como una rutina que se hace deseo.
¿Cómo evitar caer en la trampa del efecto sirena?
Primero, hazte consciente. Si sientes que alguien te está gustando “de la nada”, pregúntate: ¿realmente me atrae o simplemente me acostumbré a su presencia? Evalúa si hay una conexión auténtica o si es solo una ilusión alimentada por la cercanía.
Y si ya caíste… bueno, también puede ser que hayas descubierto algo lindo donde no pensabas buscar. Porque a veces, la rutina sabe disfrazarse de magia.
El efecto sirena es ese recordatorio sutil de que no todo lo que parece amor a primera vista lo es. A veces, es amor… a décima vista.
¿Te ha pasado? Quizás él no era más guapo… solo lo viste diario.
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