En los primeros siglos del cristianismo, la persecución contra los creyentes era despiadada. Tesalónica, una de las ciudades más importantes del Imperio Romano , no fue la excepción. En este contexto, surgen dos figuras icónicas: Agatópodo, un diácono de la Iglesia, y Teódulo, un joven lector, ambos conocidos por su fervor religioso y su compromiso con la difusión del Evangelio. Su historia, aunque trágica, dejó un legado de fe inquebrantable.
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¿Quiénes eran Agatópodo y Teódulo?
Agatópodo era un diácono, es decir, un servidor de la comunidad cristiana, encargado de la liturgia y la ayuda a los más necesitados. Teódulo, por su parte, era un lector, un joven encargado de proclamar las Escrituras durante las celebraciones cristianas. Su juventud y devoción lo convirtieron en un símbolo de esperanza para los cristianos de su tiempo.
Ambos vivían en una época en la que el emperador Diocleciano había ordenado una de las persecuciones más brutales contra los cristianos. Ser descubierto como seguidor de Cristo significaba la cárcel, la tortura y, en muchos casos, la muerte.
¿Por qué fueron perseguidos?
Durante el siglo IV, las autoridades romanas vieron el crecimiento del cristianismo como una amenaza a la estabilidad del Imperio. La fe cristiana rechazaba el culto a los dioses romanos y al propio emperador, lo que se consideraba una traición y un desafío al poder imperial.
Agatópodo y Teódulo fueron acusados de practicar y difundir la fe cristiana, algo que las leyes imperiales castigaban severamente. Fueron arrestados y llevados ante el gobernador de Tesalónica, quien les exigió que renunciaran a Cristo y ofrecieran sacrificios a los dioses romanos. Sin embargo, ambos se mantuvieron firmes en su fe, rechazando cualquier acto de idolatría.
¿Cómo fue su martirio?
Tras negarse a abandonar su fe, Agatópodo y Teódulo fueron condenados a muerte. Se les impuso la pena de ahogamiento, una ejecución brutal y humillante. Fueron arrojados al mar con pesadas piedras atadas al cuello para asegurar que nunca volvieran a salir a la superficie.
A pesar del horror de su destino, los relatos dicen que enfrentaron la muerte con serenidad y oración, convencidos de que su sacrificio los llevaría a la vida eterna junto a Dios. Su martirio no fue en vano, pues su valentía inspiró a otros cristianos a perseverar en la fe en medio de la adversidad.
¿Cuál es su legado en la actualidad?
El ejemplo de Agatópodo y Teódulo sigue vivo en la memoria de la Iglesia. Su festividad se celebra el 4 de abril, día en que se conmemora su martirio. Son recordados como símbolos de resistencia y fidelidad, demostrando que la fe puede prevalecer incluso en los momentos más oscuros.
Su historia nos recuerda que, aunque las circunstancias sean adversas, la convicción y la esperanza en Dios pueden iluminar el camino. Hoy en día, siguen siendo fuente de inspiración para todos aquellos que enfrentan persecución o dificultades por mantenerse firmes en sus creencias.
Así, los nombres de Agatópodo y Teódulo permanecen grabados en la historia cristiana, como testimonio de un amor inquebrantable por la verdad y la justicia divina.
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